a tres meses, cuatro propuestas

This is the way the world ends

Not with a bang but a whimper.

T. S. Eliot, “The Hollow Men”

 

 

 

Voy a ser sincera: tengo miedo.

 

He participado en marchas desde el 2002: me manifesté contra el desafuero, pedí voto por voto, fui 132. De todas las marchas en las que he estado, la única que tuvo final feliz fue cuando nos manifestamos contra el desafuero de López Obrador, pues es la única que de verdad tuvo como consecuencia el cambio que queríamos.

Recuerdo, sobre todo, el movimiento de 132: meses de mucha “participación ciudadana” que terminaron con la desilusión de que ganara Peña Nieto. ¿Y después? Después nada: pasó el 1° de julio, se nombró al nuevo presidente, y 132 se fue desinflando hasta desaparecer (como diría T. S. Eliot, “no con un bang sino con un gimoteo”).

Ayotzinapa, como dicen muchos medios extranjeros, es la gota que derramó el vaso, la chispa que prendió fuego a la situación que ya se venía forjando. Y tengo mucho miedo de que, como tantos otros movimientos, se quede en el aire y que al final no logre nada. Ayotzinapa surgió de una indignación masiva ante una situación específica pero también nos ayudó a mostrar nuestro desacuerdo con muchas otras cosas: se volvió una protesta para que aparecieran los 43 estudiantes desaparecidos, pero también para denunciar la corrupción del gobierno, tanto local como federal. Se volvió un grito que hacía eco con la petición de Javier Sicilia: no más sangre; estamos hartos de la violencia. Y aunque tengo mucha fe en el movimiento, también tengo miedo de que desaparezca de a poquito, de que un día nos cansemos de las marchas y los paros, nos crucemos de brazos, y nos sentemos para seguir con nuestra vida cotidiana.

 

Creo que el movimiento de Ayotzinapa necesita una cabeza. Quizá no un líder, pero sí una serie de exigencias que articulen el movimiento: una lista que podamos palomear para saber que vamos avanzando en algo.

Hasta ahora el movimiento gira en torno a “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Pero la posición oficial del gobierno es que están muertos, y mientras más pasa el tiempo más se vuelve una frase simbólica y una posición política. La otra exigencia ha sido “fuera Peña”, que es un eco retomado del movimiento 132. Y creo que en ambos casos no son suficiente.

“Vivos se los llevaron” habla de la situación particular de los estudiantes desaparecidos, pero Ayotzinapa ya no son sólo esos 43. Se ha vuelto también una manera de protestar por todos los cuerpos sin nombre que aparecieron con motivo de la investigación, de denunciar todos los casos de violencia de estado, de mostrar nuestra inconformidad con el gobierno. Si mañana aparecieran con vida los 42 estudiantes que faltan (ya que se confirmó la muerte de Alexander Mora), el movimiento no debería desaparecer.

“Fuera Peña” es quizá todavía más problemático. Pues, ¿quién queremos que remplace al presidente? ¿Queremos que se siga el proceso estipulado por la constitución? Creo que no: “fuera Peña” se refiere no sólo al presidente sino a su partido y a todo el aparato de su gobierno. ¿Querríamos entonces que se llamara a elecciones? ¿Y votar por quién? Hemos sido defraudados, de diferente manera, por cada uno de los partidos. ¿Queremos abolir a los partidos actuales y que de la noche a la mañana surjan nuevos? Serían, en esencia, las mismas personas. “Fuera Peña” también me recuerda a lo que dice una sabia profesora de la UNAM, experta en historia moderna de América Latina: cada vez que en Latinoamérica se tira un presidente el país termina peor (muchas veces con dictaduras militares).

Hay que ser prácticos. Estoy convencida que el sistema actual necesita un cambio de fondo, pero también creo que se necesita acción inmediata. Y propongo dos áreas para hacerlo.

Primero, el problema de la policía. La policía mexicana opera desde la total impunidad: saben que pueden incurrir en muchísimos abusos sin repercusiones. No sé si la solución sea crear más cuerpos policiacos o desarmar las distintas fuerzas. No sé si haya que aumentar o disminuir el número de oficiales. Pero sé que no podemos seguirles permitiendo todos sus abusos.

También creo que hay mucha atención sobre el poder ejecutivo cuando nos deberíamos enfocar en el poder legislativo. Las cámaras de diputados y senadores se crearon para que hubiera balance en el gobierno y el presidente no tuviera todo el poder en el país. Y creo que es el órgano gubernamental más enfermo de todos: tienen sueldos millonarios, aguinaldos de 90 días, prestaciones ridículas, y fueros que les permiten abusar de la ley. Y se me ocurre que para empezar les deberíamos exigir que se disminuyan los sueldos base, sueldos extra, y prestaciones. El fuero tiene su razón filosófica, así que no propongo que desaparezca por completo, pero sí redefinirlo para que no les permita hacer cualquier cosa. También prohibir que puedan ser senadores, luego diputados, y luego senadores de nuevo en un ciclo eterno.

En ambos casos el problema de fondo es la corrupción. No sé cómo se pueda combatir, pero creo que quitar la impunidad de la policía y hacer un sistema legislativo eficiente (y que vea menos por sus intereses propios) es la mejor manera de empezar.

 

 

También me atrevo a dar mi opinión sobre el cómo lograr estos cambios. He escuchado muchas opiniones a favor de la protesta violenta, pero nunca me han convencido. Y es que las protestas violentas que realmente llamarían la atención del gobierno dejarían al país muy mal: quizá sí lograrían un cambio, pero también se corre el riesgo de que el país quede en la ruina y le tome muchos años recuperarse (sobre todo si pensamos que los mayores ingresos del país, el petróleo y el turismo, necesitan estabilidad para desarrollarse).

Creo, más bien, en los distintos países que han logrado un cambio pacífico, y en particular en la India y Sudáfrica. El primero lo logró con una resistencia civil pacífica muy bien organizada y el segundo a partir de la presión internacional. El primer paso es generar más apoyo dentro del país, pues la mayoría de la población ni siquiera conoce bien el caso (sobre todo porque se enteran por medios como Televisa, que se enfoca en cubrir quemas de puertas y no las magnitudes de las marchas). Hay que difundir información, pero sobre todo hay que mantenerse dentro de la protesta pacífica para juntar adherentes. No es nada más no involucrarse en la protesta violenta, sino intentar evitar que otros lo hagan. Pero también deberíamos probar otros medios: la lucha de Gandhi involucró dejar de pagar los impuestos sobre ropa y sal. Creo que tenemos que encontrar algún acto que al mismo tiempo exprese nuestra inconformidad y afecte al gobierno, pero dentro del marco de la desobediencia civil.

Mientras tanto no hay que olvidar que, aunque no estemos de acuerdo con él, México sí tiene un Estado en pie, con todos sus aparatos. Tenemos, por ley, derecho a que los funcionarios nos contesten nuestras quejas por escrito (no sé si se extiende a los medios electrónicos, pero por lo menos aplica a cartas). Tengo una amiga que se puso en contacto con su diputado para exigirle una respuesta clara sobre lo que estaba haciendo alrededor del caso Ayotzinapa y me pareció una gran iniciativa. Podemos contactar a nuestros representantes (aquí hay una buena guía para encontrar a tus diputados) para exigirles todo lo que queramos: que aprueben leyes, que no aprueben leyes, que se bajen los sueldos, que asistan al congreso. Parte del problema del poder legislativo es que actúan casi en el anonimato, y este tipo de acciones serviría para recordarles que son funcionarios públicos y que, como ciudadanos informados, no permitiremos que cometan abusos.

Tampoco hay que olvidar que mientras nosotros ya nos cansábamos Peña Nieto volaba a China: nuestro gobierno está sumamente preocupado con el extranjero. No es gratuito que haya aparecido en la portada de Time. Pienso en Sudáfrica y en cómo el cambio en el gobierno se logró a través de los bloqueos y la presión externa y me queda claro que es una buena herramienta. Sobre todo si nuestro gobierno está tan preocupado por la imagen que proyecta a nivel mundial. Podemos usar esto como arma y generar consciencia utilizando las redes sociales.

 

Sí, tengo miedo de que lo que vivimos ahora se vaya como un gimoteo y desaparezca. Pero también tengo fe en que si logramos articular nuestras demandas podemos hacer que se cumpla lo que dicen: Ayotzinapa será la nueva revolución mexicana.