No es fácil ser mitad divina (Margaret Atwood)

mi ensayo sobre reinventar a Homero está aquí

Helena vivía en mi calle cuando éramos chicas. Vendíamos kool-aid en su porche, a cinco centavos el vaso, y ella siempre tenía que ser la que bajara los vasos por las escaleras, con un moño rosa y bajando la mirada, y caminando de puntitas como si pisara cascarones. Creo que se quedó algunas monedas, pues no era demasiado honesta. Sé que ahora es famosa y todo, pero la verdad era una molestia y lo sigue siendo. Mentía de lo lindo: decía que su papá era muy importante, casi como si fuera el Papa, y claro que la molestábamos por esas cosas. Ni que este señor alguna vez se apareciera. Su mamá no era más que otra madre soltera, como les dicen ahora, pero mi mamá dice que antes les decían de otro modo. Dijo que en las noches algo pasaba en su casa, pues naturalmente todos los hombres del pueblo creían que iba a aflojar. Le aventaban piedritas en la puerta, le gritaban de cosas y aullaban borrachos. Los dos niños (los hermanos de Helena) eran bastante salvajes. Desaparecieron muy pronto.

A los diez años Helena tuvo una fase circence: le gustaba disfrazarse, decía que iba a ser trapecista. Luego se hizo amiga de la dueña de la peluquería, que la peinaba y le regalaba muestras gratis, y de ahí Helena empezó a dibujarse círculos negros en los ojos y a pasearse por la estación de camiones. Supongo que buscaba alguna manera de irse. Era muy guapa, lo acepto, y nade se sorprendió de que se casara tan joven con el jefe de policía. Los dos salieron ganando porque él estaba a punto de volverse un cuarentón.

Pero hace unos meses se fue con un tipo de la ciudad. Al final no le hizo falta un camión porque él tenía carro, una nave. El esposo está encabronado y tiene un plan: ir a la ciudad, asediarlos, darle en su madre, obligarla a volver, mostrarle a Helena quién manda. Muchos hombres no se molestarían con una mujerzuela así, pero dicen que él no cree en el divorcio y que quiere defender las buenas costumbres.

La verdad creo que sigue locamente enamorado de ella y que le hirió el orgullo. Y el problema es que el tipo nuevo tiene mucho dinero, le dio una mansión o algo por el estilo, y ahora ella sale en revistas y la gente le pide su opinión; la verdad da asco. Y ahí está, toda arreglada con su collarcito de perlas y su sonrisita y diciendo lo feliz que es con su nueva vida, y que toda mujer debe seguir a su corazón. Dice que su infancia no fue fácil, con eso de que es mitad divina, pero ahora lo ha aceptado y está considerando trabajar en el cine. Dice que era muy joven la primera vez que se casó pero que ahora sabe lo gratificante que puede ser el amor y que el jefe de policía no lo era, simplemente no lo era. Claro que todos creen que se refiere a la cama, y se ríen, pero en secreto porque él todavía tiene mucho poder en el pueblo.

Para hacerlo corto (el cuento, digo), a nadie le gusta que se burlen de él. El jefe tiene una familia grande: un hermano y muchos primos, todos musculosos y malhumorados. Yo apuesto que se va a complicar el asunto, y que se va a poner bueno.

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